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Yoga para sanar el dolor de una pérdida: 4 posturas que te ayudarán

by Redacción
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No hay forma de evitarlo: un corazón roto duele. ¿La buena noticia? El Yoga puede ayudarte a sanar y a volver a abrirte a la alegría –y a los innumerables beneficios físicos y mentales– del amor. Detrás, descubrirás que puedes curar esa pérdida.

Texto de Shannon Sexton // SEcuencia de Seane Corn // Fotos de Joe Hancock

Encuentra la fortaleza interior para procesar el duelo y la pérdida con esta secuencia de Yoga que combina estocadas que abren el pecho, extensiones de la columna y torsiones, además de posturas restaurativas que nutren y un enfoque en moverse despacio, al ritmo de la respiración. Las posturas más activas mantienen la energía en movimiento en el corazón, mientras que las posturas restaurativas le dan al sistema nervioso central la oportunidad de descansar, lo que puede aliviar parte del cansancio profundo que suele acompañar al duelo.

Practica cada mañana en un espacio tranquilo y privado. A lo largo de la secuencia, pon en palabras tus sensaciones físicas: «tensión», «cansancio», «pesadez». Después, nombra también tus emociones: «corazón roto», «rabia», «miedo». Esto te ayuda a estar presente para empezar a sanar, en lugar de cerrarte o huir de tu duelo y prolongar el sufrimiento. Recuerda exhalar por completo para liberar la tensión física y emocional.

INTENCIÓN DE APERTURA

Siéntate con la espalda erguida, con las caderas más altas que las rodillas (quizá necesites una manta o un cojín). Cierra suavemente los ojos, lleva las manos a Anjali Mudra, toma 5 respiraciones profundas y recita esta intención: Que esta práctica me reconecte con mi cuerpo, me arraigue en el aquí y ahora, y sane mi duelo. Pido claridad y fuerza para soltar cualquier creencia limitante que me haga resistirme al cambio y me cierre al crecimiento. Que, en su lugar, pueda abrir mi corazón, ver más allá de la razón, aceptar sin condiciones y amar sin vacilar. Que esta práctica sea bendecida.

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1. ANJANEYASANA, VARIACIÓN LUNA CRECIENTE

Desde el Perro Boca Abajo, entra en una estacada con el pie izquierdo adelante. Mantén las yemas de los dedos en el suelo y la pierna trasera estirada mientras alargas el pecho hacia adelante. Toma 4 respiraciones antes de apoyar la rodilla trasera en el suelo. Inhala y eleva el torso. Alinea las caderas y entrelaza los dedos detrás de la espalda. Inhala y lleva las manos hacia atrás,
abriendo el pecho. Dirige la mirada suavemente hacia adelante y toma 5 respiraciones profundas, llevando la atención a la tensión del pecho y aumentando la circulación alrededor del corazón. Suelta y regresa al Perro Boca Abajo. Repite del otro lado.

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2. ESTOCADA ALTA, VARIACIÓN

Desde el Perro Boca Abajo, vuelve a una estocada con el pie izquierdo adelante. Mantén la mano derecha en el suelo (o sobre un bloque) mientras inhalas y llevas el brazo izquierdo hacia arriba, girando desde la columna media y alta. Extiende el talón derecho hacia atrás y el pecho hacia
adelante, manteniendo las caderas niveladas para crear estabilidad. Dirige la mirada más allá de los dedos de la mano izquierda y sostén 5 respiraciones profundas, continuando así la liberación de la tensión en el pecho y la apertura del corazón. Suelta, entra en el Perro Boca Abajo y repite del otro lado.

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3. TORSIÓN SUPINA

Permanece boca arriba y cruza la pierna derecha sobre la izquierda. Deja caer las rodillas hacia la izquierda. Extiende el brazo derecho hacia atrás y coloca la mano izquierda sobre la rodilla derecha. Esta torsión, junto con las posturas restaurativas que siguen, está pensada para ayudarte a soltar y relajarte conscientemente. Lo más importante es soltar, cerrando los ojos y conectando con la respiración y el momento presente. Permanece así de 8 a 10 respiraciones. Inhala, regresa al centro y cambia de lado. Termina llevando ambas rodillas hacia el pecho.

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4. SALABHASANA, LANGOSTA, VARIACIÓN

Túmbate boca abajo. Entrelaza los dedos detrás de la espalda y, al inhalar, eleva el pecho, las piernas y las manos. Estira a través de los dedos de los pies y alárgate, con la mirada al frente. Sostén 3 respiraciones, suelta y repite. Esta extensión de la columna contrarresta la tendencia a enroscar los hombros hacia adelante y colapsar el pecho –una de las formas en que solemos proteger el corazón cuando estamos de duelo–. Suelta hacia el suelo y pasa a la Postura del Niño.

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