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Yoga tibetano: más allá de la postura

by Redacción
Banderas de oración tibetanas

En Occidente, el Yoga se asocia con frecuencia al trabajo corporal. Sin embargo, existen tradiciones en las que el movimiento, la respiración y la atención forman parte de un camino más amplio de conocimiento de la mente. Entre ellas se encuentran los distintos métodos agrupados bajo la denominación de Yoga tibetano, vinculados al budismo Vajrayana, la medicina tradicional tibetana y la tradición Bön. Segundo Rego (Trapa Dorje) nos acerca a sus orígenes, sus principales prácticas y la visión del cuerpo como vehículo de transformación.

Yoga tibetano: una tradición nacida del encuentro

El concepto de Yoga Tibetano no designa una única disciplina homogénea ni una variante estandarizada del Yoga. Bajo esta denominación conviven diferentes linajes, escuelas y métodos que comparten una determinada visión del cuerpo, la respiración, la energía y la mente.

Su historia está estrechamente relacionada con la transmisión de las enseñanzas budistas y tántricas desde la India al Tíbet, especialmente entre los siglos VIII y XII. Maestros, traductores y practicantes viajaron entre ambos territorios, favoreciendo un intenso intercambio espiritual y cultural.

Pero estas prácticas también hunden sus raíces en la tradición Bön, propia del Tíbet y anterior a la llegada del budismo procedente de la India.

De esta confluencia surgieron diferentes disciplinas que terminarían integrándose en el marco del budismo Vajrayana. Entre ellas se encuentran Trul Khor, las prácticas energéticas de Tsa Lung, Kum Nye, Nejang, Yantra Yoga o Lu Jong, además de otros linajes conservados hasta nuestros días.

En todas ellas aparece una idea esencial: el cuerpo no constituye el objetivo final de la práctica, sino una vía para explorar y conocer la mente.

Segundo Rego durante una práctica de meditación

Las tres puertas: cuerpo, palabra y mente

Uno de los principios que permiten comprender este enfoque es la relación entre las tres sílabas Om, Ah y Hum, vinculadas respectivamente al cuerpo, la palabra o energía y la mente.

No se contemplan como dimensiones independientes. Por el contrario, la práctica parte de su profunda interrelación.

El movimiento corporal modifica nuestra respiración y nuestro estado mental; la respiración influye en la energía y en la capacidad de sostener la atención; y la mente condiciona, a su vez, nuestra experiencia del cuerpo.

OM · Cuerpo
El cuerpo actúa como vehículo de la experiencia. El movimiento físico estructura y ancla la práctica, sin que el rendimiento sea su finalidad.

AH · Palabra y energía
A través de la respiración, los vientos internos o Lung y los sonidos, se trabaja con la energía.

HUM · Mente
La intención, la visualización y el simbolismo guían la práctica y permiten observar nuestros procesos mentales.

En esta visión, cuerpo, energía y mente no funcionan de manera independiente. El movimiento se convierte en la base de la práctica; la respiración actúa como puente integrador; y la mente orienta y observa el proceso.

En propuestas como las del linaje Jamyang Yoga, estas tres dimensiones se trabajan simultáneamente. El movimiento se coordina con determinadas respiraciones mientras la atención permanece vinculada a la intención y al simbolismo de cada práctica.

El ejercicio corporal deja así de ser únicamente una sucesión de movimientos para integrarse en una práctica de carácter meditativo y ritual.

La arquitectura sutil: Tsa, Lung y Khorlo

Dentro de la medicina y la espiritualidad tibetanas, junto al cuerpo físico aparece una concepción energética formada por canales, vientos y centros. En este contexto encontramos tres conceptos fundamentales: Tsa, los canales por los que transita la energía; Lung, los vientos o energías vitales; y Khorlo, los centros energéticos.

Las prácticas de Tsa Lung, por ejemplo, combinan posiciones y movimientos corporales, respiraciones y retenciones, concentración, visualización y un trabajo energético intencional.

Su orientación es fundamentalmente experiencial: sentir, movilizar y purificar la energía vital. Desde esta perspectiva tradicional, la práctica busca despejar los bloqueos en los Tsa, armonizar los Lung y favorecer estados de meditación de mayor claridad.

Ruedas de oración de la tradición tibetana

Observar los venenos de la mente

Dentro de la filosofía budista tibetana, estas prácticas se orientan también al trabajo con los denominados tres venenos de la mente: ignorancia, apego e ira o aversión.

El objetivo no es simplemente evitar determinadas emociones, sino aprender a reconocerlas y observar cómo aparecen en el cuerpo, la respiración y el pensamiento.

Un ejemplo de este trabajo es La Conciencia del Guerrero (Nga Mag Nam She), una de las prácticas del linaje Jamyang Yoga©. Su propuesta consiste en observar la energía asociada a la ira sin dejarse dominar por ella, pero tampoco reprimiéndola.

¿Cómo se manifiesta en el cuerpo? ¿Qué sucede con la respiración? ¿Qué pensamientos aparecen?

La práctica busca desarrollar precisamente esa capacidad de observación. Reconocer una emoción cuando comienza a surgir puede abrir un espacio entre aquello que sucede y nuestra respuesta.

El cuerpo y la respiración se convierten así en herramientas para reconocer nuestros propios patrones y relacionarnos conscientemente con ellos.

La práctica no consiste en evitar aquello que nos incomoda, sino en desarrollar la capacidad inquebrantable de observar nuestra sombra, sostenerla en la compasión y transformarla en luz antes de reaccionar.

El movimiento como puente hacia la meditación

Movimiento, respiración, visualización, mantra y simbolismo se integran en estas prácticas con una finalidad que trasciende la ejecución física. La combinación de estos elementos convierte el movimiento en una «coreografía del dharma», en la que la práctica corporal y contemplativa avanzan de la mano.

Dentro de este recorrido se encuentra también Tong Len, práctica de dar y tomar vinculada al cultivo de la compasión y de la bodichita, la mente de la iluminación.

Frente a la tendencia contemporánea a acumular técnicas y secuencias, el Yoga tibetano plantea otro criterio de progreso: desarrollar progresivamente una mayor capacidad de autoobservación.

La importancia de la transmisión y el linaje

En el Yoga tibetano, estas enseñanzas conceden una especial importancia a la transmisión directa y al aprendizaje progresivo de las prácticas.

Dentro de este panorama se encuentra Jamyang Yoga©, linaje fundado por Javier Akerman (Sangye Dorje) y cimentado sobre una confluencia de enseñanzas tradicionales procedentes de la tradición Bön y de distintas escuelas yóguico-tibetanas.

Según la información facilitada, el sistema reúne más de 50 series completas, cada una de ellas acompañada de sus correspondientes meditaciones, respiraciones y simbolismo.

La formación permite acercarse progresivamente a diferentes métodos —Trulkhor, Tsa Lung, Lu Jong, Kum Nye, Lungyor o Nga Tsa, entre otros—, atendiendo tanto a la ejecución de las técnicas como a su finalidad y simbolismo.

FORMACIÓN

XV promoción de Instructores de Yoga Tibetano y Meditación

El Instituto Internacional de Yoga Tibetano y Tibet Yoga Studio® abren a finales de septiembre de 2026 la XV promoción de Instructores de Yoga Tibetano y Meditación, después de catorce ediciones anteriores.

El programa aborda filosofía budista, historia, anatomía y fisiología moderna, trabajo de energía y respiración, 13 series de ejercicios con su simbolismo, técnicas de meditación, Tsa Lung y Nga Tsa.

La formación puede realizarse en modalidad presencial, semipresencial u online, con acompañamiento y tutoría, y culmina con un retiro final presencial en el monasterio de Poio (Pontevedra).

Según la información facilitada por la organización, tras superar las evaluaciones teóricas y prácticas, el estudiante recibe el denominado Diploma Oficial de Instructor/a de Yoga Tibetano y Meditación, expedido por el Instituto Internacional de Yoga Tibetano Jamyang Naldjor© y por la Tibetan Yoga Alliance. También se indica la posibilidad de solicitar el diploma de la YAI (Yoga Alliance International).

Segundo Rego durante una práctica de Yoga Tibetano

Segundo Rego (Trapa Dorje) es fundador y director de Tibet Yoga Studio®, centro especializado en Yoga tibetano situado en A Coruña y delegación oficial del Instituto Internacional de Yoga Tibetano y Meditación. El centro está acreditado por la Tibetan Yoga Alliance.

Segundo Rego es Maestro Formador de niveles I, II y III, forma parte del equipo docente y de la Comisión de Ética y Enseñanza del Instituto Internacional de Yoga Tibetano. Desde su centro desarrolla clases regulares, talleres, retiros y formaciones.

También es director del Festival Yoga Noroeste, cuya próxima edición está prevista para marzo de 2027.

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