El Yoga nos invita a ser conscientes de cómo vivimos. Ahimsa y Santosha nos recuerdan que la práctica también ocurre en una cola eterna o en el diálogo interno de cada día.
Texto de Cristina Giner Leal // Ilustraciones de Blanca Nieto
El Yoga es una filosofía milenaria que abarca muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana. En la India es una forma de estar en el mundo, no una práctica de unas horas. Los asanas, las posturas, han sido sin duda la puerta de entrada directa del Yoga en Occidente. Aquí, además, fragmentamos la práctica en tiempo: una clase, un retiro, un taller. Pero ¿cómo sería si pudiésemos integrar el Yoga en nuestro día a día? Vivir nuestra rutina a partir de la filosofía del Yoga, en su acepción más amplia, nos ayuda a tener más conciencia y mejorar nuestra calidad de vida.
¿Por qué la práctica no empieza ni acaba en la esterilla?
Muchos pensamos que con una hora de Yoga ya hemos cumplido. Y, sí, es un gran paso. En las clases aprendemos todas las herramientas necesarias: secuencias de asanas, diferentes tipos de respiración (pranayama), enfoque de la atención, meditación, canto de mantras. Pero, ¿qué pasa si cuando salimos por la puerta de la shala volvemos a una vida de hábitos poco saludables? En el día a día tenemos costumbres que probablemente no nos hacen bien pero que seguimos reproduciendo por inercia, porque simplemente no somos conscientes. El objetivo es darnos cuenta, aprender a escucharnos para poder elegir desde otro lugar. El Yoga es una herramienta perfecta, más allá de las posturas, que se puede aplicar en nuestra vida real y cotidiana.
Todo está en lo cotidiano
«También entre los pucheros anda Dios», escribió la mística Santa Teresa de Ávila, refiriéndose a que lo espiritual también está en lo cotidiano, en las acciones comunes. Así que, aunque estés esperando el metro, cocinando, en el trabajo, en el supermercado, poniendo la lavadora o andando por la calle puedes «practicar». Porque no es solo lo que hacemos, los actos en sí mismos, sino cómo los llevamos a cabo y desde dónde. ¿Cómo me expreso? ¿Cómo estoy respirando? ¿Qué estoy pensando? ¿Cómo se siente mi cuerpo? ¿Dónde está mi atención? ¿Cómo me cuido?

La vida es tu mejor esterilla
La excusa más extendida es el «no tengo tiempo», pero ¿cuánto tiempo «inconsciente» invertimos en scrollear, por ejemplo? Aunque pueda parecer complicado, a lo largo del día tenemos muchos momentos para aplicar esta filosofía milenaria. Uno puede ser yogui desde que se despierta hasta que se mete en la cama con pequeñas decisiones y gestos cotidianos, que tienen un impacto profundo y pueden cambiar la forma en que vives tu rutina.
Hay posturas sencillas pero poderosas que puedes practicar en contextos cotidianos. ¿Cómo sería hacer Uttanasana mientras te duchas o Vriksasana mientras esperas el metro? ¿Tadasana en la cola del supermercado? ¿Un Guerrero (Virabhadrasana) en el trabajo? Si ya conoces las posturas, puedes poner en marcha tu creatividad y adaptarlas a contextos del día a día. Sin ir más lejos, el otro día vi a un chico haciendo una torsión encima de la moto mientras esperaba en un semáforo en rojo. ¿Cuáles más se te ocurren?

Pero hoy queremos llevar el Yoga más allá de los asanas para centrarnos en los primeros pasos de los Yoga Sutras. En los aforismos del Yoga, los antiguos textos fundacionales recogidos por el sabio Patanjali, el camino del Yoga consta de ocho pasos. Las posturas son solo el tercero. Aunque en Occidente nos hemos centrado en lo físico porque es lo más tangible, Patanjali propone, antes de ir al cuerpo, hablar de cómo vivimos. ¿Cómo nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos cada día?
El primero de los pasos de los Yoga Sutras, Yamas, es una invitación a observar cómo vivimos nuestro día a día, cómo interactuamos con el mundo; mientras que en el segundo paso, Niyamas, se nos invita a mirar cómo nos relacionamos con nosotros mismos.
Pero ¿cómo practicar Yoga sin hacer posturas?
Los Yamas aparecen en la forma de actuar con el mundo desde el respeto y la amabilidad (Ahimsa), en la forma de vivir desde la honestidad (Satya), en no tomar lo que no nos pertenece (Asteya), en cómo gestionamos nuestra energía (Brahmacharya) y soltamos el deseo de acumular o controlar (Aparigraha).
Los Niyamas nos invitan a cultivar una relación más consciente con nosotros mismos, promoviendo la pureza (Saucha), el contento (Santosha), la constancia y disciplina (Tapas), el autoconocimiento (Svadhyaya) y la entrega confiada a un propósito superior (Ishvara Pranidhana). Profundizamos en dos términos, Ahimsa y Santosha, porque son una buena base para el inicio de la práctica diaria. Para practicarlos se necesita primero escucha y después acción.

Ahimsa proviene del sánscrito, a significa «no» e himsa significa «violencia». Es uno de los cinco Yamas y nos enseña a abstenernos de causar daño físico, verbal o mental a cualquier ser vivo, incluidos nosotros mismos.
Ahimsa nos invita a ser amables, respetuosos y compasivos. Lo primero es «darnos cuenta» de nuestros pensamientos o mecanismos mentales, de nuestro diálogo interno, cuando algo, alguien o nosotros mismos no cumplimos nuestras expectativas.
El lenguaje importa
¿Cuántas veces, por los motivos que sean, utilizamos un lenguaje ofensivo, crítico o hiriente contra los demás o contra nosotros mismos? ¿Cómo te hablas a ti mismo? ¿Te juzgas duramente cuando te equivocas? ¿Te criticas cuando las cosas no salen como esperabas? ¿Te comparas con otros? ¿Te fuerzas a hacer algo para lo que tu cuerpo no está preparado? ¿Te dices a ti mismo: «no puedo», «nunca llegaré», «jamás podré hacer esto», «los otros lo hacen mejor»? La vida nos propone una y mil situaciones donde practicar esta no violencia.
Por ejemplo, durante la práctica de Yoga, Ahimsa es simplemente escuchar tu cuerpo y no forzarlo más allá de sus límites, no juzgarte si te caes de un equilibrio o te comparas con un compañero que hace una postura más avanzada. Practicar con cuidado y respeto hacia ti mismo, sin presionarte, aceptando con amabilidad los límites o dificultades.
La revolución del agradecimiento como camino
Una práctica sencilla es aprovechar cuando te vas a dormir para agradecer todos los momentos satisfactorios del día: con quién te has relacionado, qué has aprendido, qué te ha hecho sentir bien.
También por las mañanas es un buen momento para agradecer y revisar cómo te has despertado.
Un paso más allá: ¿Qué hacer cuando no puedes cambiar una situación incómoda en tu vida diaria? Por ejemplo, si tienes que hacer una cola eterna y no puedes cambiar la situación, antes de entrar en un bucle de quejas y pensamientos negativos o de ponerte a scrollear con el móvil puedes aprovechar para practicar Santosha o alguna postura. Las situaciones más pesadas pueden convertirse en un escenario ideal para cultivar la paciencia, el contento y la aceptación.
Santosha se traduce como contento, satisfacción o dicha. Es uno de los cinco Niyamas y nos invita a cultivar una actitud de aceptación y gratitud hacia lo que somos y tenemos, en lugar de enfocarnos en lo que nos falta o deseamos.
Integrar el Yoga en el día a día
Esta práctica nos invita a cultivar un estado de satisfacción y plenitud interna, sin depender tanto de lo que suceda fuera. Estamos acostumbrados a que la felicidad venga de placeres o experiencias externas, aunque sepamos que lo que nos rodea cambia constantemente. Tiene que ver con la percepción. ¿Cómo miras el mundo? ¿Llevas tu energía a lo que te falta o desearías conseguir? ¿O pones tu atención en lo que sí tienes, en la gente que te quiere, en lo que has logrado? Tu percepción cambia cómo te relacionas con el mundo; lo puedes hacer desde un sentimiento de agradecimiento o desde la insatisfacción.
Este estado no tiene nada que ver con la pasividad de la resignación o el inmovilismo, sino con la aceptación de lo que nos llega en el camino. Simplemente nos enseña a valorar y agradecer lo que sí tenemos, a aceptar las situaciones que no podemos cambiar y a encontrar gozo en la sencillez y en las pequeñas cosas de nuestra rutina.

CRISTINA GINER LEAL trabaja como periodista y comunicadora. Estudió danza clásica y practica Yoga desde hace más de 20 años. Ha escrito Tú también eres yogui: rutinas de yoga para tu vida cotidiana, publicado por Larousse editorial e ilustrado por Blanca Nieto. // IG: @crisginr // www.cristinaginerleal.com
