Home DestacadoVIDYA HEISEL: CINCO DÉCADAS EN BUSCA DE LA LIBERTAD

VIDYA HEISEL: CINCO DÉCADAS EN BUSCA DE LA LIBERTAD

by Redacción
Suryalila

Pocas personas han sido testigos de la evolución del Yoga moderno tan de cerca como Vidya Heisel. Del ashram de Osho, en Pune, a Suryalila, en la campiña de Cádiz, casi cinco décadas de camino que ella misma resume en una sola palabra: libertad.

Por Elena Sepúlveda // Fotos de Laura Page, Lidiya Petkova y Ptitbear Photography

El recorrido de Vidya comenzó en India, donde pasó seis años decisivos en el ashram de Osho en Pune, durante la década de los 1970. Después llegó Bali, unos años marcados por la creatividad y la exploración, seguidos de 13 años en una comunidad espiritual en Massachusetts, donde la práctica disciplinada volvió a ocupar el centro de su vida cotidiana. A mediados de los años 2000, la búsqueda que la había llevado por varios continentes se fue volviendo cada vez más interior. Tras crear su propio estudio de Yoga y, con el tiempo, dejarlo en otras manos, pasó varios años enseñando por el mundo antes de decidir establecerse definitivamente cerca de Cádiz, en el sur de España.

Allí, rodeada de olivares y cielos abiertos, fundó el centro de retiros Suryalila, hoy sede de una próspera finca de permacultura y de una icónica shala de Yoga que ha acogido a practicantes de todos los rincones del planeta. Desde 2014 dirige el centro con una visión que trasciende la práctica del Yoga para abrazar también la comunidad, la sostenibilidad y la creación de espacios donde reconectar con una misma y con la naturaleza. Hoy, Vidya Heisel sigue fiel a las preguntas que la llevaron al Yoga por primera vez.

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YOGA SPIRIT. Impartiste tu primera clase de Yoga en el ashram de Osho, en Pune, después de apenas un año de práctica, simplemente porque alguien tenía que hacerlo. Mirando atrás, ¿qué te enseñóaquella experiencia sobre aprender y compartir el Yoga?

VIDYA HEISEL. Ahí hay algo más de historia detrás… Mi profesor era un estadounidense que estudiaba con B.K.S. Iyengar, a poca distancia del ashram, y luego compartía con nosotros lo que iba aprendiendo. Durante un año asistí a sus clases todos los días. Cuando decidió regresar una temporada a su país, Osho le pidió que eligiera a su mejor alumna para sustituirlo. Para mi enorme sorpresa, me invitaron oficialmente a impartir las clases. En aquella época no existía la figura del profesor de Yoga certificado, así que el hecho de que no tuviera más credenciales que mi entusiasmo no suponía un problema.

El difunto Yogi Bhajan decía: «Si quieres aprender algo, enséñalo», y con el tiempo he comprobado que es una gran verdad. Entonces no disponía de un gran repertorio de posturas, pero sí de mucha pasión, flexibilidad y un amor auténtico por la práctica. Poco a poco descubrí que enseñar me resultaba algo muy natural. Y eso me impulsó a seguir aprendiendo para poder ofrecer más a mis alumnos. Luego, cuando me mudé a Estados Unidos en los años 80 y 90, tuve la oportunidad de estudiar con maestros excepcionales, lo que profundizó tanto mi práctica como mi enseñanza.

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Tu vida ha atravesado etapas muy distintas: del ashram a lo que has llamado «los años salvajes» en Bali, y después un largo periodo de disciplina espiritual en Massachusetts. A la luz de tu experiencia, ¿crees que siempre buscabas lo mismo, o eran preguntas diferentes en cada momento de tu vida?

Siempre he estado buscando lo mismo: la libertad. A veces esa libertad era exterior –liberarme de los condicionamientos, las expectativas y las normas sociales–, pero sobre todo ha sido una búsqueda de libertad interior. La espiritualidad ha sido siempre un hilo conductor en mi vida. Desde muy joven supe que no quería llevar una existencia convencional.

Lo que llamo mis «años salvajes» fue, en parte, una reacción a la educación inglesa conservadora que recibí, que a menudo me hacía sentir limitada. Vivir en Asia fue profundamente liberador porque era todo lo contrario del entorno en el que había crecido. Por primera vez sentí que podía respirar de verdad y ser simplemente yo misma. Siempre he sido creativa, curiosa y un poco rebelde por naturaleza. En ese sentido, supongo que soy muy acuariana.

Suryalila

Al dejar la comunidad de Massachusetts en 2005, escribiste que tu búsqueda se había vuelto hacia dentro, que por fin tenías todas las herramientas que necesitabas.¿Qué se abre en una práctica cuando dejas de seguir el mapa de otra persona?

En ese momento de mi vida ya no quería vivir dentro de una comunidad con una agenda concreta. Al final, la búsqueda siempre es interior. Para mí, la práctica espiritual se expresa en todo lo que hago. La vida nos ofrece constantemente oportunidades para liberarnos de las limitaciones que imponemos a la mente, de las reacciones automáticas, del miedo y del deseo. Simplemente quería la libertad de explorar ese camino sin restricciones externas.

Dicho esto, tampoco creo que sea sensato rechazar por completo los mapas que otros han trazado antes que nosotros. Las grandes escrituras espirituales del mundo contienen una sabiduría extraordinaria y ofrecen una guía profunda para vivir con libertad, discernimiento y plenitud.

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Durante un tiempo fue importante para mí aprender a sostenerme por mí misma. Sin embargo, a medida que mi propio karma fue desplegándose, aparecieron nuevos maestros de forma natural. Yo no los estaba buscando; simplemente llegaron cuando era el momento.

En 2015 encontré un camino muy claro en la filosofía tradicional hindú del Advaita Vedanta. Conocí al maestro estadounidense James Swartz y, de alguna manera, regresé a mis raíces espirituales dentro de la filosofía oriental. Participé en numerosos retiros con él. Más recientemente he asistido a retiros impartidos por el venerable Swami Sarvapriyananda, director de la Vedanta Society de Nueva York y uno de los maestros contemporáneos más inspiradores del Advaita Vedanta. También tuve la inmensa fortuna de acoger uno de sus retiros en Suryalila, una experiencia que siempre atesoraré. Además, continúo estudiando con Rupert Spira, profesor inglés de no dualidad. Por encima de todo, intento encarnar y compartir aquello que he comprendido a través de mi propia experiencia. Mi pasión por las enseñanzas de la no dualidad sigue tan viva como el primer día.

Antes de crear Suryalila, en la Cádiz rural, pasaste muchos años enseñando en centros de retiro por todo el mundo. ¿Qué ha supuesto para ti crear un espacio que refleje tu propia visión?

Después de enseñar en tantos centros de retiro por todo el mundo, tenía muy claro el lugar que quería crear. Quería un espacio de gran belleza y serenidad, donde las personas pudieran relajarse profundamente y reencontrarse consigo mismas. También sabía que la comida debía ser ecológica, local y profundamente nutritiva. Una sala de Yoga inspiradora y una hospitalidad excepcional eran igualmente esenciales. A lo largo de los años, junto con un equipo extraordinario de personas con
mucho talento, hemos hecho realidad todos esos elementos, y, en muchos aspectos, hemos superado mi visión original.

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Crear Suryalila ha sido un intento gozoso de traer un pedacito de cielo a la tierra. Es una expresión de mi amor por la belleza, los espacios sagrados, la naturaleza y la comida sana. Mi creatividad siempre ha necesitado un lienzo amplio, y Suryalila se ha convertido exactamente en eso. Pero lo que realmente le da sentido es ver cómo este lugar transforma a quienes lo visitan. Ver a las personas marcharse nutridas, inspiradas y transformadas llena mi corazón de gratitud. Me siento inmensamente bendecida.

Has sido testigo del extraordinario crecimiento del Yoga, que ha pasado de ser una comunidad pequeña a un fenómeno global. ¿Qué cambios te parecen más alentadores? ¿Y qué crees que cuesta más encontrar hoy?

Creo que la comunidad espiritual es algo que todo el mundo necesita. Antes ese sentimiento de pertenencia se solía encontrar en iglesias o templos. En un mundo cada vez más secular, el Yoga ofrece a muchas personas una comunidad de almas afines. Ojalá las clases de Yoga sean también una puerta de entrada a la meditación, a una vida ética y a una exploración espiritual más profunda.

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Es maravilloso que el Yoga y la meditación hayan dejado de ser prácticas marginales para formar parte de la cultura general. Lo que más me preocupa es su comercialización, que a veces se trate más de parecer una supermodelo, de publicar posturas impresionantes en redes sociales y de cultivar una imagen, que de la filosofía profunda del Yoga en sí. Esa tendencia puede alejarse bastante del verdadero espíritu de la práctica.

Al mismo tiempo, yo elijo centrarme en lo positivo. Hay incontables profesores sinceros que viven las enseñanzas y comparten algo de verdadero valor. Eso me llena de esperanza.

A través de tus formaciones de profesores has guiado a miles de alumnos. ¿Qué cualidades valoras más en quienes llegan a formarse contigo? ¿Y qué aprendizajes requieren un tiempo que ninguna formación puede acortar?

A día de hoy he formado a más de 3.000 profesores de Yoga. Lo que más valoro son las personas que llegan con apertura, curiosidad y un deseo auténtico de aprender; no solo para obtener una certificación o comenzar una carrera profesional, sino para conocerse más profundamente y explorar qué significa realmente ser humano. El autoconocimiento no puede condensarse en tres semanas. Es un proceso que se despliega poco a poco, a lo largo de muchos años de práctica sincera, autoindagación y experiencia vital. Todo comienza con una mente abierta, amor por la verdad y la disposición a seguir aprendiendo y creciendo interiormente durante toda la vida.

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Me siento profundamente agradecida de poder compartir todo aquello que me ha ayudado en mi propio camino. Una de mis mayores alegrías ha sido ver cómo antiguos alumnos se convertían en amigos espirituales para toda la vida. Atesoro profundamente esos vínculos del corazón. También disfruto enormemente viendo cómo muchos de ellos desarrollan carreras de Yoga plenas y exitosas.

La comunidad de Suryalila comparte cada semana su declaración de misión. ¿Qué valores esperas que sigan definiendo Suryalila durante generaciones?

Siento que Suryalila vive hoy su misión de una forma muy auténtica. Es como si el universo nos hubiera dado luz verde. Se ha convertido en un imán para personas bondadosas y auténticas que ponen su corazón y su talento al servicio de esta visión compartida. Juntos hemos creado un lugar donde la amabilidad, la generosidad, la entrega y el cuidado mutuo forman parte de la vida cotidiana.

Mi deseo es que ese espíritu continúe vivo durante muchas generaciones. Los valores que mejor representan a Suryalila son la calidez humana, la generosidad, la compasión, la autenticidad y una hospitalidad dedicada. Por encima de todo, espero que siga siendo siempre un oasis: un lugar donde la gente pueda alejarse de las exigencias de la vida moderna, reencontrarse consigo misma y recordar lo que realmente importa.

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© Lidiya Petkova 3

Te dejamos la última palabra: ¿hay algo que quieras compartir con la comunidad de Yoga Spirit que no hayamos abordado en esta entrevista?

Hay una hermosa cita de Rupert Spira que expresa exactamente lo que me gustaría transmitir: «La paz y la felicidad son nuestra verdadera naturaleza, y compartimos esa naturaleza con todo y con todos». Descúbrelo por ti mismo, y después haz todo lo posible por expresar esa comprensión en cada aspecto de tu vida. O, como bellamente dijo Swami Vivekananda, nuestra tarea es simplemente «manifestar la divinidad que ya está dentro de nosotros»

VIDYA JACQUELINE HEISEL (E-RYT 500, SYT) es directora del centro de retiros Suryalila y de los programas internacionales de formación de profesorado de Frog Lotus Yoga. // www.suryalila.com // IG @suryalilayoga.

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