La carga mental supone un sobreesfuerzo. Se manifiesta cuando piensas en miles de cosas al mismo tiempo, te preocupas, te llenas de culpas y, encima, quieres llegar a todo. Pero, esta exigencia puede traer consecuencias para tu salud física y mental.
Por Aminie Filippi // Práctica de Elena Sepúlveda
Si cuando estás realizando una tarea, notas que tu mente se va constantemente a esa interminable lista de «otras cosas» que tienes que hacer, que nada tienen que ver con tu aquí y ahora, detente y piensa qué está pasando. Es posible que seas presa de la carga mental. Esto es cómo algunas personas soportan el sobreesfuerzo que supone procesar información, tomar decisiones y ejecutar las tareas para conseguir un resultado concreto.
Aunque esta situación se manifiesta con una buena dosis de cansancio físico y mental, no es solamente eso. El psicólogo de Unobravo y director de tuneuropsicologo.com, Unai Aso, sostiene que cuando hablamos de carga mental lo hacemos para referirnos a «cómo ciertas personas acumulan pensamientos, preocupaciones asociadas a tareas pendientes, muchas veces de forma involuntaria. Se puede manifestar como un estado constante de anticipación y planificación, y afecta sobre todo a personas que asumen tareas del hogar y laborales». Es como si lleváramos una pesada mochila de recordatorios y listas de cosas por hacer relacionados con el trabajo, la casa, los niños, la familia, los amigos todo el tiempo y nos pesara e impidiera concentrarnos en una sola tarea.
La llevamos especialmente las mujeres
Según el estudio Próxima a ti, de P&G, el 71% de las mujeres sufre una elevada carga mental, frente al 12% de los hombres. Otros estudios, como el de Daminger (2019), muestran que esta carga se distribuye de manera desigual en las familias, siendo las mujeres las que se llevan la mayor responsabilidad a la hora de coordinar y supervisar todas las tareas domésticas y familiares. No es que seamos más vulnerables o estemos más predispuestas, sino que «por presiones socioculturales, las mujeres asumen mayores responsabilidades y exigencias, incluso en parejas con división equitativa de tareas físicas», como nos explica el experto. Esto se debe a, entre otras cosas, ciertas normas de género internalizadas y determinadas expectativas sociales sobre lo que es el rol de la cuidadora.

Encontrar un equilibrio
Debido a que muchas personas —quizá tú eres una de ellas— sienten que nunca desconectan, incluso fuera del trabajo, Unai Aso nos recomienda algunas estrategias que se pueden implementar en el día a día para reducir este desgaste.
- CADA COSA A SU TIEMPO. Separa de forma clara lo que es tiempo para trabajar y para el ocio o el tiempo personal.
- REFORMULA TU VISIÓN DEL ÉXITO. Resignifica la relación entre productividad, valía personal y autoeficacia.
- DALE UN NUEVO SENTIDO A TUS LOGROS. «Vincular el éxito únicamente con la capacidad de generar y producir tiene un riesgo elevado», dice el experto. Tal vez los esfuerzos no deben estar centrados en la persecución constante del éxito (un concepto que varía cultural, social e individualmente), sino en «entender que este no está reñido con el autocuidado y el descanso para que haya un desempeño sostenible a largo plazo».
- ESTABLECE LÍMITES DIGITALES. Usa los dispositivos electrónicos sin que se conviertan en una obsesión o adicción. Ponte horarios y tiempos de utilización. No necesitas más.
- CORRESPONSABILIZA A TODA LA FAMILIA EN LAS TAREAS. El psicólogo aconseja que para equilibrar la distribución, hay que delegar las labores. Para esto es importante una educación en corresponsabilidad ya desde edades tempranas. Delegar responsabilidades mediante una planificación conjunta, marcando límites, es positivo para quitarse carga de encima, así como ejecutar técnicas conductuales como el entrenamiento en habilidades de delegación.
- CREA RUTINAS FUERA DEL TRABAJO. Un café con un amigo con el que no tengas que hablar de trabajo, ir a correr, tu práctica de Yoga, meditación, etc., facilitarán la desconexión.
- NO ERES CULPABLE DE NADA. Destruye lastres como la culpa y la autoexigencia, las cargas que más limitan. «Quizás es más interesante adoptar una perspectiva más centrada en la autocompasión». Háblate bonito y no te impongas más exigencias de las que ya tienes. No todo lo tienes que hacer tú.
- PRACTICA TÉCNICAS DE RELAJACIÓN. La relajación muscular progresiva y la respiración diafragmática pueden ayudarte a desconectar, a concentrarte mejor y a reducir el estrés crónico.
- PARTICIPA EN LOS CAMBIOS SOCIALES. Son una asignatura pendiente. «Sería interesante implementar mejores políticas de conciliación laboral, que limiten la disponibilidad digital fuera del horario de trabajo, por ejemplo».

Afecta a nuestra salud física y mental
A pesar de nuestros esfuerzos, como yoguis, por bajar el ritmo, conectarnos con nuestro presente y con la naturaleza, respirar profundamente y disfrutar conscientemente nuestra práctica, no podemos obviar que vivimos en una sociedad hiperconectada y con disponibilidad 24/7.
Estar conectada a diversos y numerosos asuntos que son para ti deberes y obligaciones, no es bueno. Ni para tu salud física ni para la mental. Sabemos que a nivel fisiológico se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, fatiga crónica y alteraciones en el sistema inmunológico. «En términos emocionales, incrementa la vulnerabilidad a trastornos psicológicos, además de reducir la capacidad de afrontamiento y resiliencia», opina Aso.
El experto afirma que esa misma hiperconectividad de la que hablábamos, «refuerza la sensación de que siempre hay algo pendiente, y a muchas personas les genera dificultad para desconectar. Estudios como los de Kaplan ya mostraron que la exposición constante a demandas cognitivas sin pausas de recuperación puede deteriorar la capacidad de concentración y afectar al bienestar subjetivo».
Las redes sociales y las nuevas tecnologías no hacen más que acrecentar el problema. Tal y como comenta el psicólogo, «en los últimos años, también se han hecho estudios sobre la ‘tecnofatiga’ que indican que la imposibilidad de desconectar digitalmente aumenta el riesgo de ansiedad y disminuye significativamente la calidad del sueño».

Lo que ocurre en el cerebro
El neuropsicólogo nos resume, a grandes rasgos, el impacto que tiene cargarnos de cosas sin parar sobre cerebro. «El sistema nervioso simpático se puede sobreactivar, generando una respuesta de estrés crónico. Esto afecta negativamente a nivel hormonal (en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, entre otras estructuras cerebrales)». El experto también nos recuerda que se suele dar un aumento en los niveles de cortisol, y esto puede afectar funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la toma de decisiones y la regulación emocional. «A la larga, esta sobrecarga puede contribuir al desarrollo de trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, etc.)», apostilla.
Presta atención a las señales
Los signos más frecuentes pueden ser la sensación de fatiga persistente, irritabilidad, fallos en la memoria de trabajo y dificultades para concentrarse, mientras que a nivel fisiológico, pueden aparecer síntomas de estrés crónico, como alteraciones del sueño, tensión muscular y cambios en la regulación emocional. Además, «un patrón de evitación de responsabilidades o una sensación constante de insuficiencia también pueden ser señales de que algo no va bien», recalca Aso.

Para saber más acerca de la carga mental, cómo puede afectarte en tu día a día y cómo puedes aligerarla, no te pierdas el número 143 de la revista YOGA SPIRIT. Para conseguirlo, llámanos al 916326251 o escríbenos a suscripciones@revistayogaspirit.es

