Tras casi 30 años enseñando Yoga, sigo planificando mis clases. ¿Por qué? Porque precisamente esa planificación es la que me permite estar plenamente presente cuando llego a clase.
POR AMY IPPOLITI // FOTOS DE AUTORA Y DEPOSITPHOTOS
A veces, damos por hecho que quienes llevan años enseñando Yoga simplemente llegan a clase y dejan que todo fluya. Sí, hay quien lo hace así. Pero las clases que se sienten vivas y, al mismo tiempo, inteligentes, tienen algo en común: quienes las imparten han hecho antes su trabajo.
A lo largo de mis años enseñando e impartiendo formacione de profesorado, he visto este patrón muchas veces: alguien con buena intención que ama el Yoga, pero le cuesta crear una clase que fluya con inteligencia, aterrice temáticamente y deje a quienes participan inspirados, en lugar de simplemente sudados o, peor aún, insuficientemente preparados para las posturas principales de la sesión. En estos casos, el ingrediente que casi siempre falta es la planificación.
Planificar libera tu creatividad. Tener el andamiaje de una estructura te permite responder a las necesidades de tus alumnos sin perder el hilo. Y, además, planificar puede ser muy divertido.

Empieza por tu misión como docente de Yoga
Si alguna vez te has quedado en blanco sin saber qué enseñar o qué tema elegir, piensa en por qué enseñas Yoga. Tu misión como docente es la estrella polar que guía todo lo que haces, incluidas las clases individuales.
Una clase construida en torno a algo que realmente te importa siempre será más dinámica y motivadora que una secuencia impecable desde el punto de vista técnico. El alumnado percibe esa diferencia. Pregúntate: ¿qué quiero que se lleven mis alumnas? ¿Una sensación física determinada, un cambio de perspectiva, una nueva relación con una parte del cuerpo que han estado ignorando? ¿Un sentido más profundo de propósito? ¿Inspiración para aportar algo a sus comunidades?

Crea una carpeta para tus sesiones de Yoga
Una de las herramientas más prácticas que recomiendo es tener una carpeta dedicada a tu enseñanza de Yoga. Utilízala para guardar todo en un mismo lugar: planes de clase, secuencias dibujadas con figuras esquemáticas, ideas para temas, apuntes de filosofía, citas que te inspiren y experiencias de la vida cotidiana que puedan convertirse en una anécdota para una clase. Tu carpeta es un documento vivo al que podrás acudir siempre que necesites nuevas ideas. Con el tiempo se convertirá en un auténtico archivo. Cuantos más planes acumules, más flexibilidad tendrás. Una clase que impartiste hace dos años puede ser exactamente la que necesites enseñar esta misma noche.
Diseña tus secuencias con intención
Toda buena clase de Yoga tiene una estructura. Comienza con un periodo de inicio consciente que ayuda a los alumnos a pasar de la vida cotidiana a la práctica e introduce el tema de la sesión. A continuación llega un calentamiento general, seguido de una progresión que conduce de forma inteligente hacia una postura o grupo de posturas cumbre. Una vez alcanzado ese punto álgido, la clase continúa con las contraposturas, el enfriamiento y el descanso restaurativo en Savasana. Distribuye bien el tiempo de cada una de estas fases y evita apresurarlas para que la práctica resulte segura y terapéutica para el cuerpo.

Utiliza temas en tus clases, pero con moderación
Los temas funcionan cuando son específicos y personales. Pierden fuerza cuando son vagos o no guardan relación con el grupo que tienes delante. En lugar de elegir conceptos generales como «la confianza» o «abrir el corazón», profundiza en lo que realmente has vivido esa semana, en lo que has leído o en lo que tus alumnos están atravesando en ese momento. Las historias concretas generan mucha más resonancia que los lugares comunes.
Cuando quieras introducir filosofía del Yoga, ensaya en voz alta tu charla de dharma antes de la clase. Cuéntaselo a una amiga, al espejo o incluso a tu perro. Un tema que no se ha ensayado tiende a divagar. Ten en cuenta que muchas personas llevan todo el día sentadas frente a un escritorio y llegan con ganas de moverse, así que procura que esa introducción sea breve y directa. Otra posibilidad es ir entretejiendo la filosofía a lo largo de la práctica: una observación mientras descansan en Balasana o una frase durante un estiramiento prolongado de los pectorales en la pared.
Planificar mejora la calidad de tu enseñanza en la sala
La capacidad de adaptación tiene un enorme valor. Entrar en una sala de Yoga y responder a quien ha venido y está delante de ti, a lo que esas personas han traído consigo y a lo que necesitan ese día es una de las habilidades más importantes que puede desarrollar quien enseña. Presentar un programa rígido al grupo equivocado es perder una oportunidad.
Una buena estructura te ofrece un punto de apoyo cuando pierdes el rumbo y, al mismo tiempo, una base desde la que desviarte conscientemente cuando el grupo necesita otra cosa. Ahí es donde nace la verdadera capacidad de adaptación. Por eso tu carpeta con planes de clases anteriores se convierte en uno de tus recursos docentes más valiosos. Imagina que llegas con una clase centrada en la apertura de caderas y que la mitad del grupo entra con molestias en los hombros. Necesitas cambiar de rumbo rápidamente. Si nunca antes has diseñado una clase enfocada en los hombros, tendrás que improvisarla bajo presión. Pero si ya dispones de varios planes guardados en tu carpeta, podrás recurrir a ellos, adaptarlos sobre la marcha y ofrecer una práctica coherente en lugar de improvisar una sucesión de posturas sin una lógica clara.
Cuantas más clases planifiques, más fluida será tu enseñanza. Y esa fluidez es precisamente lo que hace posible la auténtica espontaneidad.

Prepárate como profesional del Yoga
En una encuesta a personas que cursaban una formación de profesorado de Yoga, solo el 20 % afirmó sentirse siempre preparado y organizado antes de impartir una clase. Tu alumnado percibe estas cosas.
En lugar de improvisar, crea una lista de comprobación con todo lo que necesitas llevar cuando sales de casa para enseñar: el material, una copia impresa o un cuaderno con el plan de clase y cualquier otro elemento imprescindible. Cuando llegues al estudio, prepara los accesorios. Si utilizas música, decide con antelación qué vas a poner y por qué. Llega con tiempo suficiente para instalarte en el espacio antes de que entren los alumnos. Ten claro cómo vas a comenzar la clase antes de llegar. Si lo decides cinco minutos antes de empezar, difícilmente podrás estar presente para las personas que ya están entrando en la sala. La preparación es una forma de respeto: hacia tus alumnos, hacia la práctica y hacia ti como profesional.


AMY IPPOLITI es educadora de Yoga, autora y formadora de profesorado. Dirige formaciones de Yoga desde 1999. Muchas de las personas que se han formado con ella se han convertido en referentes, autoras, ponentes en congresos y formadoras de profesorado en Estados Unidos y en numerosos otros países. Su libro El yoga como camino profesional: Transforma tu vocación en una carrera sostenible y con impacto (Editorial Sirio) ya está disponible en castellano en librerías de todo el mundo.

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