Conversamos con Gustavo Plaza, creador de Yoga Rahasya, sobre su visión del Yoga como una práctica orientada a la lucidez, la responsabilidad interior y el amor.
Por Elena Sepúlveda // Fotos de Gustavo Plaza
El recorrido de Gustavo Plaza arranca con una intuición temprana: la felicidad prometida por el éxito, el placer o el consumo suele quedarse corta. En esta entrevista pone palabras a esa experiencia y aborda su vínculo con el gurú, su crítica a las prácticas que solo alimentan el ego y su manera de entender el Yoga como método de autoconocimiento. También hablamos de cómo sostener una disciplina cálida sin rigidez y del equilibrio que quizá necesita hoy la comunidad del Yoga. Al final, nos propone una sencilla práctica para atravesar los días de ruido.

YOGA SPIRIT. Tu camino empieza en Ecuador, pero tu voz resuena internacionalmente. ¿Recuerdas el «clic» íntimo que te hizo pasar de la curiosidad a una sadhana real, cotidiana?
GUSTAVO PLAZA. Primero, gracias Elena por este espacio y consideración. En mi caso personal, entre los 13 y los 14 había comenzado esa «curiosidad» de la que hablas, que era en mí como una especie de llamado hacia algo que era de mí mismo; pero alrededor de los 15 años tuve la suerte de conocer a mi maestro espiritual, el Padre Dávila, y conocer su obra, La Escuela de Autorrealización, y desde el primer momento supe que ese era el camino. Pero lo que me llevó a tomar ese compromiso fue un profundo sentimiento de vacío interior.
A mis escasos 15 años me di cuenta de que nada me haría nunca feliz, que nada me podría brindar esa felicidad que tanto anhela el ser humano. Observaba a mis padres, a los adultos, a los hombres de negocios, a la gente en general, a mis amigos. Y podía ver cómo todos se movían en pos de una felicidad que siempre los evadía. La buscaban en el dinero, en el sexo, en la riqueza material, en la familia, en la distracción y el entretenimiento, pero nunca la podían encontrar. Eso lo vi, lo sentí, lo entendí desde muy joven.
Entonces eso causó una gran revolución en mi interior. Yo tenía una vida muy acomodada, con viajes, cosas lindas, chicas que querían ser mis novias, fiestas, diversión normal de esas edades de la adolescencia… pero sabía que nada me haría nunca feliz. Ahí conozco al Padre Dávila y su Asociación Escuela de Autorrealización y es en ese momento cuando mi vida toma un nuevo y definitivo rumbo, sin yo saberlo, por supuesto. Claro, esto suele suceder en las personas mayores, en sus 30 o 40 años cuando la madurez de la vida les da mayor claridad sobre lo esencial y lo superfluo. A mí me sucedió en mi temprana juventud.


¿Qué significa para ti hoy la palabra gurú y cómo se traduce esa guía en decisiones concretas de vida?
El Padrecito (como le llamábamos sus discípulos) era un ser extraordinario, de una presencia arrolladora. No me mal entiendas, no era una presencia que te eliminara o que rechazara tu fragilidad humana, sino una presencia clara, lúcida y que silenciosamente te abrazaba para regresar a lo esencial. Su presencia, su silencio, su claridad te desbordaban, positivamente hablando. Por su ejemplo, por el ejemplo del Padrecito, siento que la palabra gurú toma una dimensión muy profunda y veraz para mi entendimiento. Una de las traducciones de la palabra gurú es «pesado», el gurú es pesado y sólido como una roca. Gurú es esa estabilidad, esa firmeza y compromiso interior.
Por otro lado, la palabra gurú también significa «aquello que disipa la oscuridad». Un gurú es aquel que disipa la oscuridad de nuestro interior para permitirnos ver con mayor claridad aquello que ya somos. Su guía nos muestra el camino para regresar a nuestra propia verdad más profunda, y desde allí poder afrontar con responsabilidad las distintas y cambiantes situaciones de la vida. Todos pasamos por momentos de confusión, desde los niveles más burdos hasta los niveles más sutiles y trascendentes.
La enseñanza del gurú nos da las pautas para disipar la oscuridad y volver a ver con lucidez y claridad. El gurú no pretende que lo sigamos ciegamente, no tiene intereses personales o egoístas. Solo vela por tu bienestar. Su mayor deseo es que seas capaz de tener la lucidez y coraje necesarios para hacerte cargo con una radical responsabilidad sobre todos los aspectos de tu vida.

Has defendido un Yoga integral frente a la tendencia de reducirlo a fitness. ¿Qué síntomas ves en una práctica «vacía» y qué señales indican que está madurando de verdad?
Soy fiel defensor de la libertad de cada cual de usar las técnicas del Yoga según su propio interés, necesidad o voluntad. Cada quien debe ser libre de recorrer el camino del Yoga hasta donde sienta que es posible. Pero por supuesto, el maestro te tomará en serio hasta el nivel en que tú tengas compromiso: mayor compromiso, mayor desarrollo y mayor evolución; menor compromiso, menor desarrollo y nula evolución.
Una práctica «vacía» es aquella que solamente alimenta nuestro ego, que no nos ayuda a transformarnos, a conocernos realmente y a hacernos cargo con responsabilidad de nuestra evolución
física, mental y espiritual.
Hoy a veces nos centramos mucho en los aspectos de la práctica que ayudan a tener salud y bienestar físico, pero descuidamos mucho la mente y la vida interior. Hay un montón de profesores del Yoga que caminan por el mundo llenos de resentimientos, frustraciones y sentido de víctima, sintiéndose ofendidos por todo y por todos. Han caído en un papel de víctima que es su personaje central y quieren convertir a todos en víctimas.
No importa tu dominio de la parada de cabeza
o los arcos profundos que haces; si vives desde la perspectiva de la víctima, lleno de resentimientos, frustraciones e ilusión, entonces es una práctica vacía y sin sentido. Hay un proverbio oriental que dice: «El que culpa a otros tiene un largo camino por recorrer, el que se culpa a sí mismo está a mitad de camino, y el que no culpa a nadie ha llegado a su destino». Eso quiere decir que la radical y plena responsabilidad junto a la aceptación libre de culpa (no hacia otros, ni hacia uno mismo) es el estado de mayor evolución.
Tu método, Yoga Rahasya, integra hatha, meditación, bhakti y tantra. ¿Qué es lo que cambia por dentro cuando el Yoga se vuelve un método de autoconocimiento?
Comienzas a vivir desde el amor. Tu vida se convierte en una experiencia de presencia, bondad y servicio: es esa mi definición de amor. Nadie ama lo que no conoce; si no nos conocemos no podemos amarnos; si no nos autoobservamos con atención plena no podemos conocernos. Si no nos conocemos ni nos amamos tampoco podremos amar ni a la vida ni a los demás. Cuando descubrimos que el Yoga es una vida de autoconocimiento abrimos los ojos para ver en todo las manifestaciones de Verdad, Bondad y Belleza y darnos cuenta de que nosotros mismos somos eso: Verdad, Bondad y Belleza.
En tus clases se habla de un tono firme y a la vez cálido. ¿Cómo sostienes esa combinación: disciplina sin rigidez, profundidad sin solemnidad?
Dicen que una vez Siddharta Gautama, quien más tarde sería conocido como Buda, durante sus primeros años de severo ascetismo escuchó a un maestro de música instruyendo a un joven alumno en el arte de tocar el sitar, que es un instrumento de cuerda de la India. El maestro le explicó que, si la cuerda estaba demasiado floja, no produciría sonido, y que si estaba excesivamente tensa, acabaría por romperse; solo cuando la cuerda se hallaba en su tensión justa podía surgir de ella una melodía verdaderamente armónica. Es un arte, y como cualquier arte se perfecciona con la práctica. Primero aprendemos a vivir esta disciplina educando nuestro amorosamente. Ser bondadosos con nosotros, más no indulgentes. Ser disciplinados, más no violentos. Firmeza y comodidad, dice el
Yoga Sutra.


Formas parte de espacios como la Sadhana Yoga Conference. ¿Qué necesita hoy la comunidad del Yoga en Latinoamérica?
No me creo, ni salvador de nadie, ni iluminado con todas las respuestas. ¿Qué necesita hoy la comunidad del Yoga en Latinoamérica? En verdad no lo sé. Pero creo que es lo mismo que necesita el mundo. Vivimos, los practicantes de Yoga y los no practicantes de Yoga, en tiempos de una profunda crisis. La crisis que vive el mundo, la crisis que vive el continente, la región y este país es una crisis mental, es una crisis espiritual. Y la solución a ella no está afuera, no viene de afuera, sino que viene de adentro. Los problemas de violencia, de crimen, de desigualdad, todo viene de la forma en que nosotros nos relacionamos con nosotros mismos.
Jesús en su evangelio entrega dos mandamientos a sus discípulos que resumen toda su enseñanza y el camino para traer a nuestras vidas el reino de los Cielos. Él dice: «Ama al Señor, tu Dios, sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo». Esta pauta nos recuerda que lo más importante de nuestras vidas no son las cosas de afuera, no son las cosas materiales, no son ni siquiera las relaciones de familia, románticas, filiales, de amistad. Sobre todo, debo vivir en esa presencia interior. Viviendo y comprendiendo un principio Superior, que Jesús, los cristianos y católicos y muchas otras religiones llaman Dios, el Padre. Y que otros, de forma menos creyente y más laica y secular llaman Vida, Universo, Energía, Conciencia infinita, Absoluto o Ser.
Amar a Dios sobre todas las cosas es darnos cuenta de que la esencia de nuestra existencia depende de un principio superior y que esa es la base fundamental de nuestras vidas. Y luego dice: «al prójimo como a ti mismo». Sin embargo, esta clave no es siempre muy clara. El maestro Jesús nos dice que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos. Y muchas veces olvidamos este prerrequisito, amarte a ti mismo. Pues si no te amas a ti mismo, no puedes amar a otros. Entonces necesitamos Yoga en todas sus dimensiones. El Yoga tiene la fuerza para darnos este entendimiento. Y como ves, es el mismo mensaje de Jesús y los yoguis del Himalaya.
En tu trabajo formativo (YTT), ¿cuál es la transformación que más te importa en un futuro profesor?
Creo fielmente que solamente una persona que se trabaja a sí misma puede ayudar a transformar a otros. Mi compromiso es convertirlos en practicantes, en personas que aprendan a autoobservarse, a regresar a su propia fuerza, su propio poder y la sabiduría interior. No es seguir reglas éticas o dogmas ciegamente, no es creer ciegamente lo que digan líderes políticos o religiosos, es que logren librar su mente de condicionamientos para poder actuar en su vida en consecuencia con la realidad, libre de sentimentalismos o dogmas de fe.
El proceso del Yoga Rahasya Transformation Training Program (nuestra formación de profesores) es un programa que se enfoca en nuestra transformación personal, y es abrumador. No es un programa para engreírte, ni validarte, ni adularte o mantenerte en tu zona de confort. Es demoledor y puedes sentirte abrumado. El Yoga no está aquí para quemar calorías, sino para quemar la locura de nuestra mente. Y hablando del YRTTP, después de siete ediciones en Ecuador y
muchas colaboraciones a nivel internacional, este verano traemos esta formación ¡por primera vez a España! Pronto estará toda la información en nuestra web y en nuestras redes sociales.

Has propuesto encuentros donde dialogan caminos (por ejemplo, Yoga y cristianismo) en algunos retiros). ¿Qué puntos de unión te parecen auténticos, y qué confusiones conviene evitar, cuando se cruzan tradiciones espirituales?
En mi tradición entendemos el Yoga como la Ciencia de la Vida, como un camino de sabiduría universal. Hay seres en las selvas del Amazonas y en lo más elevado de los Andes que no han escuchado nunca la palabra Yoga y son auténticos yoguis. Hay monjes cristianos en los desiertos de Siria o Palestina que nunca escucharon la palabra samadhi, y ese es su estado de conciencia.
Lo que conviene evitar es dialogar desde la mente que divide y en cambio, hay que buscar los encuentros desde el corazón. Sostengo que las tradiciones de espiritualidad y meditación del mundo siempre se han fecundado mutuamente. Hay que entender que hay puntos que nos unen, y que aquellos que son distintos muchas veces cumplen papeles culturales de tiempo, lugar y circunstancia que debemos aprender a observar y respetar. Para estos diálogos se requiere humildad, una virtud que es escasa en estos tiempos.
Si pudieras dejar a nuestros lectores una práctica mínima para «días de ruido» (estrés, prisa, saturación), ¿cuál sería tu ritual esencial de 10 minutos?
De pie. Inhala doble (inhalación corta, y otra larga) por la nariz, retén contando hasta 3 y tensando todos los músculos del cuerpo. Exhala doble (exhalación corta, y otra larga) por la boca con el sonido «ahhhhh» y relaja todo el cuerpo. Haz esto 3 veces. Esto libera de forma inmediata de la ansiedad y la tensión. Es una técnica usada desde tiempo inmemorial por los yoguis y que hoy se ha vuelto popular entre algunos científicos que estudian la neurobiología.
Luego te sientas con la espina recta pero relajada, con la única intención de regresar tu mente al asiento que te sostiene. Relaja la frente, de forma consciente (verás cómo cambia el marco mental y emocional). Y quédate por unos breves minutos sintiendo (no razonando o controlando) el flujo de la inhalación y exhalación por las fosas nasales. Al final, con muy poco esfuerzo, habrás regresado a tu centro, a un
estado más claro y lúcido y podrás atender tus asuntos con mayor serenidad y compasión.
Comienza por aquí. Que tu práctica, sea la que sea, sea próspera. Hari Om.
GUSTAVO PLAZA (Arjuna) es el creador del método y escuela Yoga Rahasya, desde donde difunde una visión del Yoga como vía de transformación personal, autoconocimiento y vida interior. Su enfoque reúne herramientas tradicionales como Hatha Yoga, pranayama y meditación, junto a una dimensión devocional y contemplativa (bhakti) y el trabajo con la energía (tantra), articuladas en propuestas de retiros, talleres y programas formativos como el Yoga Rahasya Transformation Training Program. web: www.Yogarahasya.com / IG: @gustavoplaza_yoga, @yogarahasya

Si quieres leer esta entrevista al completo, no te pierdas el número 148 de la revista YOGA SPIRIT. Para conseguirlo, llamanos al 916326251 o escríbenos a suscripciones@revistayogaspirit.es.
