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El sentido del yoga hoy

by Redacción
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Cuando reflexionamos sobre el sentido del Yoga y sobre cómo lo integramos, surge la pregunta ¿por qué esperamos del Yoga la respuesta a nuestra existencia? ¿No sería mejor si lo tratáramos como una guía para poder encontrar en nosotros lo que somos?

Por Mayte Criado
Directora y fundadora de la Escuela Internacional de Yoga.

Cuando buscamos el sentido del Yoga, intentamos encontrar las respuestas para el día a día. Respuestas para afrontar los retos sociales, cambiar las emociones, transformar la propia perspectiva. Incluso buscamos potenciar la personalidad y desarrollar el liderazgo y superar el sufrimiento físico y mental.

Muchas veces, los métodos, los sistemas organizados de pensamiento y las creencias esconden una especie de reto personal que nos confronta con nosotros mismos. Terminamos buscando un Yoga que nos alimente y nos rete. En definitiva, el sentido del Yoga.

Las ideas también pueden llegar a ser muy adictivas. Lejos de servirnos de guía, nos instalan en un laberinto sin aparente salida, dando vueltas y vueltas en un caminar desenfrenado, inconsciente y sin rumbo. Llegamos a acostumbrarnos a los encantos que ofrece la superación personal. La magia de la autoexigencia, la presión del ego o el afán por una imagen o identidad en los grupos sociales de Yoga. Aquí también se incluyen aquellos en los que el Yoga representa una manera de vestir, comer, comprar, relacionarse en las redes o de pensar.

PERDIENDO PERSPECTIVA

A veces, nos comportamos como si el Yoga fuera una bandera o una marca que representa un estilo de vida concreto en sí mismo. Hay un Yoga que va vestido de modernidad precipitada, de comidas exclusivas, resorts de cinco estrellas, moda de élite y práctica física avalada por artistas, actores y snobs que van y vienen de la India y del Caribe. Es una verdadera ironía.

También hay un Yoga que pretende retornar al pasado, quedarse anclado en lo que fue por siglos y recuperar la tradición patriarcal y jerárquica. Es lo que se suele definir como la esencia. Alguien tiene la verdad, y si te portas bien y sigues determinadas normas, te beneficia. Es un Yoga en el que asoman los matices reduccionistas, lo antiguo y los abusos de poder.

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Y para colmo, hay un Yoga que insiste únicamente en mirarse el ombligo. Se hace importante empoderarse uno mismo, fluir en un mundo “perfecto”. Un Yoga que se centra en la autoindagación hasta la saciedad, ajena al gran corazón del mundo entero y el de la unidad de todos los seres humanos. Un Yoga que nos desconecta de la realidad y que olvida que no estamos solos, que fuera del ámbito de sí mismo como centro único y principal, hay un corazón universal que late insistente y hambriento de compasión. Un corazón que espera de nuestra responsabilidad un compromiso auténtico con la vida, la propia y la del destino común.

Desde luego que hay un Yoga que no es ni lo uno ni lo otro. Es un Yoga que da sentido a la vida actual tal cual se presenta en sus imperfecciones. Es un Yoga que se está abriendo paso para poder convivir con todo aquello que nos agota y nos cierra. Sin miedos, implicado en la transformación del mundo, el individual y el colectivo. Un Yoga que pretende cultivar la claridad sobre nosotros mismos y la intimidad con nuestra propia realidad.

Y no para quedarnos ensimismados o dando vueltas en nuestra propia historia. La idea es poder estar también al lado de las injusticias, del dolor y de las necesidades de las comunidades en las que vivimos. Un Yoga que nos guía por las experiencias de esta sociedad, que definimos como caótica y nos inspira a recobrar la quietud, el amor y la solidaridad.

BÚSQUEDA DE LA REALIDAD

Para muchos, ha llegado un momento en el que se hace necesario dar un sentido real, evolutivo y profundo a la práctica del Yoga y de la Meditación. De alguna manera, dejarse de tonterías y postureos al uso. Ya estamos bastante hartos del consumismo pseudoespiritual o ultraespiritual. El consumo de técnicas, maestros de aquí y de allí, cursos, estudios, conocimientos, más y más perspectivas, más y más blogs, webs, likes. Y nos preguntamos: «¿por qué alguien puede tener tiempo para integrar, digerir o hacerse algún tipo de pregunta sobre qué beneficio se está obteniendo?

Se genera continuamente una suerte de acumulación de información “profunda” que no lleva ningún freno ni parece saciar a nadie. Hay demasiada energía gastada en alimentar la inquietud. Es agotador porque devuelve patrones, actitudes y comportamientos que aíslan el dolor. También de la comprensión sobre las necesidades de los demás, la atención que requiere el amor compasivo, la bondad con nosotros mismos, el cuidado de nuestro entorno, la solidaridad, el respeto…

Resulta claro que hay un Yoga sensible y dispuesto a darnos luz para ver con nitidez los agujeros que hemos ido creando en nuestras sociedades. Sin dejar a un lado nuestra realidad socioeconómica ni los desafíos que muestra la vida actual en sus múltiples aspectos, es una guía que nos propone encontrar un sentido auténtico a nuestra existencia. Muchos somos sobrevivientes cada vez más cansados de las promesas de unidad que el viejo Yoga nos han trasladado reiteradamente para cruzar nuestras aspiraciones espirituales con los planteamientos de la sociedad moderna. Es un entrelazado que ha causado mucho daño y mucha confusión.

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